A lo largo del desarrollo del niño, el juego va aumentando su grado de protagonismo y cambiando según la edad. Existen multitud de modalidades y, cada una de ellas es realizada y disfrutada por el niño que la escoge. Es un ejercicio preparatorio para la adquisición de conocimientos y habilidades útiles para desenvolverse en la vida diaria. Ayuda al desarrollo y maduración del niño y ha de estar adaptado a cada edad.

El juego simbólico

El juego simbólico, como su propio nombre indica, trata de reproducir situaciones de la vida real de manera simbólica y puede realizarse desde varios enfoques:

  • Estilo de vida cercano al niño (familia, colegio, amigos…).
  • Estilo de vida fuera de su entorno (profesiones, crear personajes, etc.).

Se divide en varias etapas en las que podemos observar un desarrollo paulatino que abarca desde lo más simple (hacer dormir a un muñeco) a actividades más complejas y grupales asemejándose cada vez más a la realidad (juegos de roles: médicos, ir al supermercado, etc.).

El juego simbólico es importante para el desarrollo intelectual, para la comprensión y asimilación de situaciones diversas, para socializar, desarrollar su imaginación, desarrollar sus habilidades físicas y, por supuesto, para estimular y desarrollar todas las áreas del lenguaje y la comunicación.

Por todo esto, es necesario que los niños dediquen el mayor tiempo posible al juego, además de divertirse están aprendiendo, creando, desarrollando todas sus capacidades. No dejar suficiente tiempo al juego de nuestros hijos va, totalmente, en detrimento de su desarrollo y podemos crear problemas sin quererlo.

No existe mejor juego que el que uno mismo crea en su imaginación y plasma con los demás, es la base de la comunicación.

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